Testimonios personas trans*

Los profesionales trans* son una fuente de apoyo y sirven como ejemplo de futuro para muchas personas. Gracias a ellos, los menores trans* y personas de cualquier edad logran luchar contra las imágenes estereotipadas del colectivo generadas por la carencia de información que hay respecto al tema. Esto logra en mayor o menor medida paliar la discriminación, la transfobia y eliminar progresivamente ideas erróneas y mitos que se puedan tener.
    Como cualquier otra persona, las personas trans* pasan por diferentes etapas a lo largo de la vida, de manera que algunas hicieron su transición antes de entrar en el mundo profesional, mientras que otras lo hicieron posteriormente; y otras consideran su identidad más allá de la transición.
  A continuación, se expondrán unas pequeñas biografías de personas abiertamente trans* con reflexiones sobre las dificultades específicas a las que se han enfrentado, con el objetivo de ser un ejemplo para otros.


  • Kim Pérez Fernández-Figares
  Tiene 72 años y ha sido profesora de Filosofía y Ética en Educación Secundaria durante toda su vida. Realizó su transición como transexual femenina siendo ya una persona adulta, concretamente durante los 14 últimos años de docencia. Ha sido presidenta de la Asociación de identidad de género de Andalucía y más tarde de la asociación Conjuntos difusos, la cual tiene una visión no binaria de toda la sexualidad; y en 2007 fue nombrada por Izquierda Unida candidata a las elecciones municipales de Granada, como miembro independiente. 
   Kim cuenta que sus alumnos reaccionaron con sorpresa y curiosidad ante su transexualidad, siempre con respeto; y aunque ya no ejerce como docente, sus alumnos siguen recordándola con mucho cariño. Cuando menciona su salida del armario la relata como una “liberación” después de una larga autorrepresión causada por lo que ella llama el “binarismo social”. Fueron las reflexiones feministas no-binarias las que le ayudaron y, aunque durante un tiempo se sintió insegura, ya en 1993 con el surgieron de los nuevos derechos reconocidos por la legislación, se sintió más protegida.


  • Ivana López Gay
   Tiene 36 años, es licenciada en Psicología y trabaja desde 2005 en un centro de la Diputación de Barcelona para personas con Discapacidad Intelectual. A pesar de sentir que estaba “en el cuerpo equivocado” a muy temprana edad, no inició su proceso de transición hasta tiempo después, ya que no se sentía lo suficientemente segura como para dar ese paso. Por lo que se veía en la televisión en aquel entonces, Ivana interpretó que vivir como un chico gay sería más sencillo; pero más adelante, cuando empezó la moda de la melena larga en los chicos y el maquillaje, comprendió que eso era lo que quería para ella. 


   Ivana relata que ha tenido una aceptación total por parte de su familia y amigos; y que el ámbito laboral era lo que más temía, pero no fue el caso, recibió total apoyo de sus jefes y compañeros. Afirma que nunca ha tenido problemas y que siempre le han animado. Al igual que ellos, los usuarios del centro donde trabaja, la han aceptado con total normalidad; y aunque en ocasiones se equivoquen y le llamen por su antiguo nombre, además de hacerle preguntas respetuosamente, ella se siente bien y les responde con amabilidad. Cuenta además que algunas familias de los usuarios del centro le han felicitado y mostrado apoyo; y que otras piensan que es otra persona. “Me siento muy orgullosa de haberme atrevido a dar el paso”, concluye.



  • Àlec Casanova Ferrer
   Es un profesor de educación primaria y activista del Col-lectiu Lamda de Valencia desde 2001. Hizo su transición una vez hubo aprobado su oposición como maestro y llevar varios años ejerciendo. Tuvo que enfrentarse al rechazo y la estigmatización de quienes cuestionaban su profesionalidad al no aceptarse que fuera un maestro trans*. Gracias al apoyo de los centros escolares en los que trabajó, pudo ejercer en otro centro mientras completaba su transición. Relata que vivió un trato muy diferente antes y después de saberse que era trans*.


Àlec afirma que la discriminación era ocultada por una “falsa exigencia académica”, ya que él estaba más que cualificado como para dar sus clases de inglés. Sin embargo, expresa que ha recibido muchos comentarios positivos, tanto de compañeros docentes como de padres de alumnos. Desde su punto de vista, afirma que la mejor enseñanza que puede transmitir a su alumnado es que, al tener un profesor trans*, puede darles información real del tema que se aleja, y mucho, de los típicos estereotipos. A la pregunta sobre cuáles han sido o fueron las mayores dificultades a las que se ha tenido que enfrentar, Àlec responde que ser una persona trans* y ser reconocido abiertamente como tal, hace que muchas veces su visibilidad y su derecho a la privacidad no se diferencien.

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